Pragmática |
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Las personas fueron hechas para ser amadas.
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Capítulo más creativo (mejor guion)
¿Cómo se reconoce un buen guion? Mi conocimiento sobre el tema es vago porque nunca he escrito un…
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Los beneficios de montar en bicicleta.
“¿Por qué no hay fotos de Maggie?” Así empieza otra molesta hora familiar, una noche a la semana en la que no hay televisor ni radio que salven a Bart o a Lisa de escuchar historias llenas de situaciones pegadas con babas, fusionadas con anécdotas sacadas del programa de televisión más popular del momento y que Homero toma prestadas para transformarse ante sus hijos en un hombre más valiente, inteligente y delgado, así la realidad muestre lo contrario.
En esta ocasión, Homero renuncia a la planta nuclear para trabajar en el empleo de sus sueños como acomodador de bolos, en la bolera del tío de Barney. Usa la cabeza de Burns como un bongo. Ajusta sus cuentas para mantener a una familia de cuatro. Y en una noche romántica, celebra con Marge el comienzo de su nueva vida perfecta, con su nuevo empleo perfecto. Y de paso, hace a Maggie.
¿Por qué este capítulo es mi favorito? Porque Homero imita los movimientos de un espermatozoide. Porque se resuelve el misterio de “a dónde van los pinos después de que los tiran”. Porque se quita los tres pelos que le quedan en la cabeza. Porque después de leer sobre marketing avanzado e introducción al marketing (en ese orden), Homero aplica el significado de mercadotecnia del diccionario básico, ahuyentando a los clientes del boliche con una escopeta.
Aunque me angustia que este sea el único momento en el que Homero se sintió plenamente feliz con su familia y su trabajo, también me divierte su lógica misteriosa, como cuando la mujer de Flanders lo felicita por su trabajo en el Bowlarama y él lo asocia con la llegada de un miembro más a la familia, siendo que, durante todo el día, medio Springfield lo ha felicitado por la buena nueva de su próximo bebé.
En este capítulo Homero muestra lo desconectado que puede vivir de la realidad y no ver lo que pasa a su alrededor. Sin embargo es un buen hombre. Hace lo que sea necesario para mantener a su familia. Por eso (casi) todos lo amamos.
Cuando tuvo que volver a la planta, en condiciones poco honrosas, Homero se deja someter al castigo del señor Burns por haber abandonado su puesto: una placa “especial desmotivadora para acabar con lo que le queda de espíritu” y que dice: Don’t forget: you‘re here forever.
Pero él se las ingenia, piensa en su hija recién nacida y lo transforma en esto:
Frase memorable: “…y la domesticación del perro seguía su marcha sin parar”. Homero (Obviamente).
¿Quieren ver el capítulo? Aquí
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