Pragmática |
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De los viajes en la ruta del colegio, recuerdo que el paseo duraba dos horas, y yo los repartía entre dormir, quejarme del calor, comer galletas, coquetearle a un niño de bachillerato que me encantaba y molestar a Johathan y a su hermano mayor, mis compañeritos de silla. Yo siempre me hacía en la ventana, Jonathan en la mitad y su hermano en la orilla.
Por la mañana, no había problema. Los dos niños se subían al bus muy arregladitos y haciendo muchas reverencias, como buenos japoneses que eran. Mientra ellos hablaban en su idioma navito, yo miraba por la ventana e imaginaba algunas historias que me sonaran parecidas a lo que ellos estaban diciendo. Era entretenido. Pero compartir espacio con ellos después de las 3:00 p.m era espantoso.
Jonathan era un niño de cuatro años que jamás se sonaba la nariz y que le encantaba revolcarse en todos los charcos lodosos y malolientes que encontraba para después montarse en el bus. Con su hermano nos moríamos del asco, pero lo peor de la situación era que Jonathan roncaba como un luchador de sumo y se le descolgaba la cabezota como si fuera un muñeco de trapo, entonces ni siquiera nos dejaba dormir tranquilos. Así que un día, en medio de la desesperación, nos pusimos a jugar ping-pong con su cabeza. La mandábamos de un hombro al otro con la mano, entre carcajadas. Lo hicimos muchas veces. Jonathan nunca se dio cuenta. Creo que tenía un sueño muy pesado y profundo…como su cabeza.
(Gracias al señor @pipochavi por darme un tema para estrenar mi Posterous y subir algo escrito por mí a Tumblr ;)
(Source: alturl.com)